Inscripción de candidatos al Concejo de Bogotá por el Centro Democrático

Tarde soleada, cerca de 600 personas procedentes de 19 localidades de Bogotá. Todos visten camisetas de colores azul, naranja, morado, amarillo y gris y todos van con la sonrisa en los labios. Los camarógrafos trabajan en su faena de registrar desde el primer hasta el último detalle; los encargados de la logística supervisan que no surja ningún contratiempo y animan a los caminantes para que ordenadamente empiecen a marchar. Son las 2 y media de la tarde.

Entre los muchos cuerpos presentes hay un alma emocionada como ninguna otra. Es la de un hombre que vestido de corbata, también sonriente, da rienda suelta a su memoria mientras encabeza la marcha, acompañado de su esposa, sus hijos, sus más allegados y todos los asistentes que creen en él, confían en él y están convencidos que es él quien bien manejará las riendas de esta metrópolis latinoamericana donde conviven cerca de ocho millones de personas.
Su memoria se remonta diecinueve años atrás cuando por primera vez gestó una marcha.

En aquella ocasión no salía de un parqueadero inmenso sino del Parque Nacional, no iba hacia el recinto ferial sino hasta la Plaza de Bolívar. No lo acompañaban ciudadanos del común creyentes en sus capacidades para gobernar sino víctimas adoloridas por el secuestro en busca de una respuesta, de una ley, quizá de unos restos para darles sepultura. En ese entonces caminó un rato a su lado su padre, quien le enseñó a nadar a contracorriente, quien hoy ya no está en este mundo pero a quien siempre llevará en su corazón.

Han transcurrido diecinueve años y han sido más de una docena las marchas por él, y por su esposa, organizadas. En todas ellas, realizadas por toda Colombia, ha contado con la colaboración de sus empleados quienes admiran su tesón, su espíritu de batalla, su humanidad a toda prueba, su rapidez mental e inteligencia.

Pero en esta marcha hay algo distinto: se camina por el andén. Quienes lo acompañan en esta ocasión, personas de todos los estratos sociales, cantan arengas de apoyo al candidato, así sea dispuestos de manera apretada; no obstante la estrechez del andén, hay espacio para banderines, bombas y pancartas. Son las tres de la tarde y el sol sigue calentando cuando los marchantes, tras bordear la Avenida El Dorado llegan a su destino: Corferias.

Y es ahí en ese punto y hora cuando Francisco Santos Calderón, llamado por muchos “Pacho”, resurgiendo de sus recuerdos teñidos de batallas por el respeto a los Derechos Humanos, se encuentra con Álvaro Uribe Vélez, hoy Senador de la República, de quien fuera su Vicepresidente, tras llegar de un exilio doloroso, al que fue condenado por quienes querían silenciarlo a finales del siglo pasado.

Segundos antes de que “Pacho” inicie su entrada triunfal, una barrendera humilde dentro del recinto ferial habla con unas visitantes del lugar, refiriéndose al ex Presidente Uribe. “Es mi Presidente preferido, en mi casa todos lo queremos mucho”, dice mientras sonríe.
A lado y lado del pasadizo que delimita la entrada van y vienen los apretones de manos. Al lado derecho camina Francisco Santos y al lado izquierdo Álvaro Uribe. Ambos sonrientes saludan aquí y allá a sus admiradores, muchos de ellos ansiosos pues es la primera vez que los ven personalmente, no por foto ni por televisión.
Varios grupos musicales, entre los que sobresale una chirimía, empiezan a armonizar el ingreso de los dos políticos al pabellón 2C del recinto ferial. Todo está listo y dispuesto. Cámaras, periodistas, amigos, allegados, concejales, ediles, curiosos, todos expectantes por lo que dirán uno y otro a la nutrida concurrencia.
Ambos discursos son breves y seguidos con atención por todo el auditorio. El del ex Presidente Álvaro Uribe Vélez, gran orador indiscutiblemente, dura cerca de 40 minutos y en su contenido resaltan frases como “Las manos de Francisco Santos son pulcras, manejará los dineros del Distrito con austeridad” y “En el gobierno distrital de Francisco Santos, hombre humilde y consagrado al estudio, no existirá el término discriminación”.

El discurso de Francisco “Pacho” Santos, tras haber firmado la inscripción de su candidatura a la Alcaldía Mayor, no duró más de 20 minutos. Luego de saludar con cariño a todos los presentes y agradecer los halagos de su antecesor, dice frases como “Me duelen las madres de los estudiantes del colegio Alfonso López Pumarejo en Kennedy, cuando me cuentan que sus hijos olfatean el aroma de marihuana y bazuco en los alrededores de sus salones de clase” y “En Bogotá la paz es seguridad, es que no extorsionen, es dejar de recibir las llamadas del Frente 57. A Bogotá le llegó la hora de la mano firme y del corazón grande. Vamos a trabajar para recuperar el alma de Bogotá. Vamos a gobernar con firmeza contra los delincuentes y con amor por los bogotanos”.

Son las cinco de la tarde, el sol empieza a ocultarse. Así como fue la entrada es la salida: triunfante. A lado y lado del carro en el que Uribe y Santos se suben surgen manos que quieren saludarlos, felicitarlos y decirles que los admiran y votarán por el Centro Democrático en las elecciones del próximo 25 de octubre.

Atardecer tibio, cerca de 600 personas procedentes de 19 localidades de Bogotá se alistan para la despedida, solo por hoy, mañana nuevamente estarán en las calles para impulsar esta causa, la causa de darle a Bogotá un CAMBIO CON SEGURIDAD.

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